El
galardón llega casi diez años después de un descubrimiento en los
laboratorios
La gran
capacidad de los discos duros
se lleva
el premio Nóbel de física
18 de octubre de 2007
Las
40.000 canciones que ofrece el último iPod no cabrían en un espacio tan pequeño,
sin un avance teórico que data de 1988.
Froilán
Fernández R.
froilan@gmail.com
Entre el
primer disco duro, el RAMAC I, introducido por IBM en 1956, y los minúsculos
discos duros actuales, la evolución ha sido hasta más dramática que en el
caso de la densidad creciente de los transistores, gobernada por la ley de
Moore.
El RAMAC
I pesaba una tonelada y su capacidad era de 5 MB. Más grande que una nevera
actual, este disco duro pionero trabajaba todavía con válvulas al vacío y
requería una consola separada para su manejo.
Como
reproductor de música digital, este pionero del almacenamiento magnético
hubiese sido completamente inútil: apenas tenía capacidad para dos canciones,
o quizás menos.
Su gran
mérito consistía en el que el tiempo requerido para el acceso a un dato no
dependía de la ubicación física del mismo. En las cintas magnéticas, en
cambio, para encontrar una información dada, era necesario enrollar y
desenrollar los carretes hasta encontrar el dato buscado.
El salto cuántico
La
tecnología inicial aplicada a los discos duros era relativamente simple.
Consistía en recubrir un disco de metal con material magnético que luego es
formateado en pistas concéntricas que se dividen luego en sectores.
El
cabezal magnético codifica información al magnetizar diminutas secciones del
disco duro, empleando un código binario de “ceros” y “unos”.
Los bits o dígitos binarios así grabados pueden permanecer intactos por
años.
Originalmente,
cada bit tenía una disposición horizontal en la superficie magnética del
disco, pero luego se descubrió una manera de registrar la información de una
forma más compacta.
El mérito
de Fert y Grunberg fue el descubrimiento del fenómeno conocido como
magnetorresistencia gigante, que a pesar de su nombre estrambótico, permitió
construir cabezales de lectura y grabación más sensitivos y compactar más aún
los bits en la superficie del disco duro.
De estos
descubrimientos, realizados en forma independiente por estos investigadores, se
desprendió un crecimiento vigoroso en la capacidad de almacenamiento en los
discos duros, que se elevó al 60% anual en la década de los 90.
En 1992,
los discos duros de 3,5 pulgadas alojaban 250 MB, mientras que 10 años después
habían superado los 40.000 MB ó 40 gigabytes (GB).
En la
actualidad, ya nos acercamos al uso cotidiano de los discos duros con más de un
terabyte (TB) o millón de megabytes.
Es
notable que los modelos más recientes del iPod de Apple ya incorporen un disco
duro de 160 GB, capaz de alojar unas 40.000 melodías digitales.


